Las consolas se han convertido en algo más que un dispositivo electrónico para correr videojuegos, se han vuelto las reinas y señoras de nuestros centros de entretenimiento; y es que se puede hacer prácticamente todo en una consola, puedes rentar películas, puedes escuchar tu música favorita desde Spotify (u otro servicio streaming), puedes descargar aplicaciones como Netflix o Amazon Prime Video, hasta puedes descargar Plex y tener acceso a tu librería multimedia.

La versión de Spotify para Xbox One

Al final del día, lo mejor es que con una consola puedes tener acceso a una gran cantidad de videojuegos que te proporcionarán cientos de horas de entretenimiento, y no solo por la historia o por su jugabilidad, sino porque la manera en cómo jugamos un videojuego ha evolucionado también. Hoy en día un juego no destaca solamente por su narrativa, nuevas opciones de jugabilidad como partidas en línea o los DLC han ido añadiendo mayor valor a largo plazo no solo a los jugadores, sino también a las empresas que han visto una forma de conseguir ingresos extra de cada desarrollo que realizan.

El problema es que desarrollar una nueva consola no es nada sencillo. El ciclo de vida de estos dispositivos ronda entre los 5-6 años en promedio, y la verdad es que cada nueva generación no varía mucho de la anterior. La falta de innovación es obvia, y se intenta encubrir con mejores gráficos, servicios en línea y otras características que bien pueden significar un avance sustancial, pero no como una innovación disruptiva. Hasta me atrevo a decir que la única empresa que realmente ha ido innovando en cada generación es Nintendo, lo cual le ha permitido éxitos tan grandes como la Wii, y ciertos fracasos como fue el caso del Gamecube.

Consolas de Nintendo hasta la Wii (Fuente Wikimedia Commons)

Pero no solo se trata de innovar, también se trata de llamar la atención del público. En cada nueva generación, los jugadores más asiduos esperan con ansia conocer que será lo nuevo que ofrecerán empresas como Microsoft, Sony y Nintendo. Es en ese momento cuando inicia una nueva guerra entre consolas, la carrera por ver cuál será la mejor y cuál será la que fracasé y quedé en el olvido.

Desde el inicio de esta industria, la dinámica ha sido casi la misma, año tras años, generación tras generación, las consolas han ido mejorando en gráficos y potencia, se han sabido adaptar a las demandas de los jugadores, e integrado características que alguna vez añadieron el suficiente valor como para justificar la compra de la siguiente PlayStation o el nueva Xbox.

Pero las industrias cambian, así como la manera en la que consumimos productos y servicios, y la industria de los videojuegos no está ausente de ello.

Con la llegada del Smartphone, las personas han comenzado a consumir videojuegos de una manera distinta. El sector casual, el que alguna vez hizo tan exitoso a la Wii, ya no encuentra una razón para comprar una consola, y esto es algo que muchas empresas han comenzado a sufrir, entre ellas Sony la cual culpa al Smartphone por el fracaso de la PS Vita.

Grandes firmas como EA y Ubisoft han comenzado a tomar más enserio el desarrollo de videojuegos para Smartphone, tanto así que han sacado versiones portátiles de sus entregas más famosas.

Tanto ha crecido la industria de los videojuegos en los Smartphone que ha generado empresas como Rovio y SuperCell, responsables de éxitos como Angry Birds y Clash of Clans, franquicias que anualmente generan millones de dólares (SuperCell generó $2.3 billones de dólares tan solo en el 2015 con sus juegos para Smartphone).

Partida de Clash of Clans (Fuente SimonQ錫濛譙 Flickr)

La cosa no acaba aquí. Así como hemos adoptado nuevas maneras de jugar, también hemos adoptado nuevas maneras de ver películas y escuchar música. Anteriormente había mencionado a Netflix y Spotify como ejemplos; el detalle de estos dos servicios es que no son exclusivos para las consolas, sino que puedes encontrarlos prácticamente en casi todos los dispositivos electrónicos que permitan consumir contenido.

Dispositivos como el Roku, el Apple TV y el Chromecast, los cuales son mucho más baratos que una consola de videojuegos (el Chromecast por si solo tiene un valor de $35 dólares), nos permiten el acceso a gran cantidad de contenido multimedia y otros servicios en línea que las consolas de videojuego aún no cuentan.

Capturar el mercado casual ya no es nada sencillo, los Smartphone parecen haber ganado esa guerra, es por eso que Sony y Microsoft han decidido centrarse en el único público que conocen, los jugadores profesionales, y por profesionales me refiero a todos los que están dispuestos a gastar grandes cantidades de dinero en el siguiente GTA o Destiny.

Por otra parte, Nintendo ha decidido optar por lo que sabe hacer mejor (que son las consolas portátiles) y adaptarlo a las nuevas tendencias que han traído los Smartphone. Combinando ambas características, ha decidido lanzar la Switch, una apuesta muy arriesgada que ha resultado en todo un éxito en su primer año, pero solo el tiempo dirá si dicho éxito es sostenible al largo plazo.

Mientras las empresas buscan adaptarse y concentrarse en un cierto nicho, la verdad es que el futuro de las consolas es cada vez más difícil de visualizar. Nintendo ha salido de pie con la Switch, solo el tiempo dirá si Microsoft y Sony podrán tener el mismo éxito con sus nuevas consolas una vez salgan al mercado, pero para eso aún faltan algunos años más.

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